Mineros de Curanilahue cumplen 37 días bajo tierra sin una solución.

Mineros de Curanilahue cumplen 37 días bajo tierra sin una solución.

Varios de los 70 mineros que protestan en el fondo del yacimiento Santa Ana de Curanilahue dicen que están perdiendo el sentido del tiempo de tanto pasar encerrados. Lo cierto es que hoy cumplen 37 jornadas a más de siete cuadras bajo la superficie de la tierra.

Luego de sortear las gruesas maderas que los carboníferos instalaron para bloquear el acceso al pique, La Estrella se sube a un burrito (carro de transporte de mineral) para llegar a la galería en donde están los trabajadores. Antes de dar con ellos, eso sí, existe otro cerco de madera construido por los mineros para su seguridad.

Abajo la temperatura es alta (más de 25 grados) y el aire es pesado y húmedo. A los costados del pasillo, algunos trabajadores duermen en camas improvisadas hechas con cartones y restos de colchones. En otra galería, un grupo juega a las cartas y otros escuchan cumbias en una pequeña radio. En los alrededores están las diversas pancartas que han usado en las protestas que ellos y sus familiares han llevado a cabo en las calles de Curanilahue y Concepción.

 

Apoyo espiritual

Abajo también llega el padre Pablo Leiva, párroco de Curanilahue, quien, desde el primer día, ha tenido gran cercanía con los trabajadores. De hecho, es uno de los “afuerinos” que baja con mayor frecuencia para orar y entregarles una palabra de esperanza.

“Dios ha sido fundamental en este movimiento, cuando se caen nuestros brazos viene Dios, te abraza y te vuelves a levantar. Por eso oramos constantemente. Todo eso nos renueva las fuerzas, nos hace crecer aún más la fe y es que el padre ha tenido una preocupación impresionante con nosotros, aunque no nos conoce. Muchos no somos católicos, pero él está acá y eso se agradece”, dijo el minero José Peña.

“Ha sido muy duro todo esto. Lamentamos mucho que nuestra comuna nos reproche porque diez de nuestros compañeros son pensionados y están participando del movimiento. Lo único que queremos es tener una fuente de trabajo para poder llevar el pan a la casa. Me gustaría que mi comuna se pusiera la mano en el corazón y nos apoyara. Hemos pasado Navidad y Año Nuevo extrañando a nuestras familias”, dijo Manuel Rocha, otro de los trabajadores que está bajo tierra.

Basta observar los barbudos rostros para darse cuenta de que el ánimo es bajo y las energías están disminuidas. A cada mirada perdida y tomada de cara entre las manos, los amigos tratan de alentarse unos a otros. El desgaste de estar casi 40 días con escasa alimentación e iluminados sólo con algunos tubos fluorescentes, pasa la cuenta, sin embargo, fueron enfáticos en señalar que sus demandas siguen indemnes.

“Tenemos conversaciones con un empresario que estaría dispuesto a poner un dinero y realizar una especie de sociedad con nosotros, para que de esa forma podamos destrabar la quiebra y poder tener los apoyos necesarios del gobierno. Lo importante es que estas negociaciones lleguen a buen puerto para generar esta instancia de trabajo que tanta falta le hace a nuestra comuna”, señaló Luis Chandía, presidente del sindicato de trabajadores de la Santa Ana.

Cabe recordar que este conflicto comenzó en el 2015 cuando los dueños de la mina decidieron dejar de operar debido a problemas administrativos. Eso llevó a los mineros a protestar descendiendo en aquella ocasión al fondo de la mina, movilización que se resolvió luego que el Gobierno suscribiera con los trabajadores un protocolo de acuerdo que consistía en la entrega de bonos para capacitación y asumir el compromiso de trabajar para lograr la continuidad del yacimiento.

A partir de septiembre de 2016, dichos bonos dejaron de pagarse y la eventual inyección de recursos no fue contemplada en la ley de presupuesto, lo que motivó a los mineros a descender nuevamente al fondo de la mina.

“Si esto termina hoy, son 180 trabajadores que van a quedar sin su trabajo, son 180 familias que no van a tener un sustento, por eso estamos aquí”, dijo Jose Peña.